¿De quién es la autoría?
- h.d.mabuse
- 13 de mar.
- 3 min de leitura

Publicado originalmente en portugués el 28 de marzo de 2023.
Los textos recientes publicados aquí sobre Inteligencia Artificial fueron ilustrados por Haidée Lima y plantearon un punto muy interesante en el momento de su publicación: considerando que las ilustraciones fueron creadas a partir de fotos de la autora, manipuladas utilizando como medio la aplicación Dream, ¿cómo debería darse el crédito de la imagen?
Para entender mejor esta pregunta, es importante investigar cómo percibimos el papel del autor. La autoría en la civilización occidental ha sido moldeada por numerosos factores a lo largo de la historia, incluyendo normas culturales, avances tecnológicos y estructuras legales.
En la antigua Grecia, por ejemplo, el concepto de autoría individual no era tan evidente como lo es hoy. En cambio, obras de literatura y filosofía se atribuían frecuentemente a una escuela o grupo de pensadores, en lugar de a un autor individual.
Durante el Renacimiento, a pesar de que materialmente las obras eran fruto del trabajo de grandes talleres, con muchos artistas trabajando en paralelo, fue cuando la idea del autor individual comenzó a ganar fuerza. Obras de arte, literatura y música fueron cada vez más atribuidas a creadores individuales, y sus nombres se asociaron a sus obras. Esta tendencia continuó en el período de la Ilustración y se fortaleció en la era moderna, volviéndose aún más central para la cultura occidental.
Otra forma de entender el papel de la autoría para nosotros es a través de la observación de las sociedades de raíces judeocristianas, en las cuales el papel del autor como creador divino está profundamente arraigado, a partir de la creencia de que Dios es el autor final del universo. Según la teología cristiana, Él creó el mundo y todos sus habitantes y continúa gobernándolo de acuerdo con su plan divino. Como tal, el acto de creación es visto como un reflejo de la naturaleza divina y del poder creativo de Dios.
El surgimiento de la inteligencia artificial presenta entonces un nuevo desafío a la noción tradicional de autoría. Lo que se observa es que, a medida que la tecnología de IA avanza, las máquinas son percibidas como cada vez más capaces de generar obras creativas, como música, literatura y arte visual. Esto plantea preguntas sobre quién debe ser considerado el autor de estas obras, ya que son creadas por una combinación de orientación humana y aprendizaje automático.
En general, la IA está programada para ejecutar tareas específicas basadas en algoritmos y reglas establecidas por el programador o desarrollador. En el caso de un trabajo visual, la IA puede ser instruida para seguir una serie de pautas visuales y estilísticas proporcionadas por la persona que la orientó, como la elección de colores, composición y estilo. Así, se podría argumentar que, aunque la IA pueda ejecutar el trabajo visual con precisión y habilidad, la autoría del trabajo sigue perteneciendo a la persona que lo orientó.
Otra aproximación podría ser repensar nuestra comprensión de la autoría y la creatividad. Considerando que las observaciones históricas mencionadas anteriormente no dan cuenta de una pluralidad que existía (y en cierta medida aún existe) hace miles de años en los pueblos originarios de prácticamente todo el mundo, exceptuando Europa. En lugar de ver la autoría como un emprendimiento exclusivamente individualista, podríamos necesitar cambiar hacia un enfoque más colaborativo y colectivo, reconociendo el papel que la tecnología desempeña en el proceso creativo.
Pero, ¿qué queremos decir cuando hablamos de reconocer el papel de la tecnología en el proceso creativo? En este punto, es importante expandir el concepto de colaboración y producción colectiva, entendiendo, bajo la influencia del pensamiento de Álvaro Vieira Pinto, que la tecnología no es simplemente una colección de herramientas y máquinas, sino más bien una consecuencia de un arreglo social, una especie de red, una compleja trama de relaciones sociales que moldean su desarrollo y uso.
En este sentido, la autoría sería compartida no solo con una entidad abstracta llamada Inteligencia Artificial, ni con Dream, que es la aplicación, sino también con los socios que se unieron para desarrollar esta aplicación, sumados a cada uno de los desarrolladores que la codificaron, los usuarios que compartieron sus experiencias y permitieron su publicidad, entre varios otros actores.
Esta simplificación en la creación de una "sustancia" que es la tecnología adoptada lleva a una simplificación peligrosa del entendimiento del problema, ocultando las estructuras de poder existentes en esta producción. Aquellos que controlan la tecnología a menudo tienen un poder e influencia significativos sobre la sociedad, y la forma en que estamos hablando puede contribuir a mantener o transformar las relaciones sociales existentes.
Sería útil, para ambos enfoques, dar un paso atrás y discutir dos conceptos asociados al tema: los grandes paraguas conceptuales de la Creatividad y la Inteligencia. Pero eso quedará para un próximo texto.
Texto escrito en colaboración con Haidée Lima.
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