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IA Generativa en la Encrucijada: De las Viejas Certezas del Norte a las Nuevas Posibilidades del Sur




Lo que este texto presenta:

Un análisis crítico sobre cómo la inteligencia artificial generativa (IAG) reproduce patrones de colonialismo, basado en:

  1. Explotación del Sur Global:

    • Extracción de datos (como materia prima gratuita)

    • Extracción de minerales (ej: cobalto en el Congo)

    • Trabajo precario en el entrenamiento de IA (ej: anotadores mal pagados en Kenia o India)

  2. Alternativas desde el Sur:

    • China (DeepSeek - IA eficiente y con datos locales)

    • India (Bhashini - IA en lenguas marginadas)

    • África (Lelapa AI - IA colaborativa con comunidades)

  3. Claves para una IA justa:

    • Soberanía tecnológica (evitar dependencia del Norte)

    • Ética situada (integrar saberes locales, no solo "soluciones universales")

    • Modelos sostenibles (menos consumo energético, menos extracción)

Conclusión: La IA no es neutral. El Sur Global ya está construyendo alternativas, pero el reto es evitar repetir las mismas lógicas de dominación.


En su conferencia "IA en una Era Post-Racional", Ben Vinson III, presidente de la Universidad Howard, argumentó que la inteligencia artificial debe ser "desarrollada con sabiduría", sosteniendo como mensaje central que el progreso tecnológico debe servir a la humanidad. Citando al filósofo Cicerón y su idea de que la vida buena se centra en la búsqueda de virtud y sabiduría, Vinson cuestionó si la IA podría realmente usarse para el bien de la humanidad o si, por el contrario, representaría una amenaza a la reflexión crítica y a la agencia humana.


En su exposición en la MIT Compton Lecture, analizó el desarrollo de la inteligencia artificial generativa (IAG) desde un enfoque histórico-crítico, destacando sus implicaciones sociopolíticas. Como rector de la Universidad Howard, Vinson examina cómo la IAG puede reproducir desigualdades estructurales si su desarrollo se disocia de un análisis histórico de los sistemas de conocimiento y poder. Su enfoque sitúa la discusión en el contexto de las relaciones Norte-Sur, cuestionando la distribución asimétrica de influencia sobre el rumbo tecnológico.


La "Edad de la Razón" y sus Paradojas

Vinson problematiza el racionalismo occidental de los siglos XVII y XVIII, período que, aunque celebraba la razón como fuerza liberadora, restringió este concepto de libertad a pocos. Esta exclusión no fue accidental: sirvió para justificar atrocidades como la esclavitud y el colonialismo, bajo el argumento pseudocientífico de que ciertos grupos raciales eran "incapaces de racionalidad plena". Este discurso colonial, por ejemplo, cambió la pregunta inicial sobre si los pueblos colonizados tenían alma por un cuestionamiento "científico" sobre su capacidad de razonamiento, determinado por criterios ficticios de orden biológico y ambiental—una lógica que resuena hoy en los algoritmos que clasifican y predestinan individuos. Al reducir seres humanos a categorías jerárquicas, este pensamiento no solo legitimó la dominación sino que naturalizó la deshumanización de poblaciones enteras. Y esta historia viene desde el nacimiento del método científico, precedido por la invención de un concepto peculiar de naturaleza.


Francis Bacon y el Nacimiento del Concepto Moderno de Naturaleza

En la génesis de esta historia está Francis Bacon (1561-1626), quien además de filósofo y estadista inglés, ejerció como procurador general y canciller real, administrando justicia. Como terrateniente del monarca, su función incluía supervisar prácticas judiciales que involucraban interrogatorios y torturas para obtener confesiones. Este aspecto de su biografía fue más influyente de lo que se comenta sobre su versión del método experimental, del cual frecuentemente se le considera uno de sus creadores. En obras como Novum Organum (1620), Bacon defendió un nuevo enfoque para comprender y controlar la naturaleza. Entendiendo que "el conocimiento es poder", construyó argumentos como que el objetivo de la ciencia era "conquistar la naturaleza" para beneficio humano. Su visión se basaba en que la naturaleza era un recurso a dominar, subordinado a la voluntad humana.


La filosofía de Bacon marcó un cambio significativo respecto a visiones previas más relacionales de la naturaleza, como las encontradas en cosmologías indígenas, orientales o medievales europeas. En lugar de ver la naturaleza como sistema vivo e interconectado, Bacon la conceptualizó como objeto pasivo a diseccionar, analizar y explotar. Esta visión mecanicista preparó el terreno para la Revolución Científica y la Ilustración, que consolidaron aún más la idea de dominio humano sobre el planeta.


La Noción Moderna de Naturaleza y su Contexto Histórico

La noción moderna de naturaleza emergió en los siglos XVI y XVII, período de profundas transformaciones sociales, económicas e intelectuales. Esta época vio surgir el capitalismo, la expansión de imperios coloniales europeos y la consolidación del Estado-nación. La fragmentación y jerarquización de las relaciones humano-no humano no eran meras abstracciones filosóficas, sino que estaban profundamente entrelazadas con estos procesos históricos.


El modo de producción capitalista, que comenzaba a formarse en este período, dependía de la extracción y mercantilización de recursos naturales. La naturaleza fue reconceptualizada como reservorio de materias primas para impulsar el crecimiento industrial y la expansión económica. La visión baconiana de "conquistar la naturaleza" se alineaba perfectamente con este ethos capitalista, proporcionando justificación filosófica para la explotación sin límites del mundo natural (que al fin y al cabo era un recurso infinito, ¿no?).


Colonialismo y la Dominación del "Otro"

La noción moderna de naturaleza también estaba profundamente conectada al proyecto colonial. Las potencias coloniales europeas veían las tierras y pueblos que encontraban como parte de una naturaleza "salvaje" e "incivilizada" que necesitaba ser "domesticada" y "controlada". Los sistemas de conocimiento indígenas, que frecuentemente enfatizaban la interconexión entre humanos y no humanos -en una obvia constatación de que somos parte de la misma naturaleza- eran descartados como primitivos o supersticiosos. Esta visión jerárquica de la naturaleza se extendía a la deshumanización de los pueblos colonizados, frecuentemente tratados como parte del mundo natural a dominar y explotar.

Con el surgimiento del método científico, inspirado en parte por las ideas de Bacon, se reforzó la separación entre humanos y naturaleza. Pensadores como René Descartes desarrollaron aún más este dualismo, concibiendo la naturaleza como máquina gobernada por leyes fijas. Esta visión mecanicista no solo justificó la explotación de la naturaleza, sino que facilitó el desarrollo de tecnologías que posibilitaron la expansión colonial, como herramientas de navegación, armas de fuego, innovaciones agrícolas y técnicas de control social.

Inteligencia Artificial Generativa: Más Continuidad que Ruptura

Avanzando rápidamente al boom de la IAG en noviembre de 2022, vemos que la Inteligencia Artificial Generativa no surge en el vacío, sino a partir de condiciones materiales y humanas profundamente arraigadas en relaciones globales de explotación, basadas en un modo de producción capitalista que nació "escrito en los anales de la humanidad con trazos de sangre y fuego".

Observamos entonces que la IAG tiene como condiciones de posibilidad el desarrollo de hardware cada vez más potente (dependiente para su producción de la explotación intensiva de minerales) y de trabajo humano intensivo, tanto indirectamente -a través de producción intelectual ampliamente disponible en línea- como directamente -mediante trabajo humano mal remunerado e insalubre para el entrenamiento de IA.

Respecto a la extracción intensiva de minerales para hardware, este proceso que frecuentemente ocurre en el Sur Global bajo condiciones ambientales y sociales precarias, genera impactos desproporcionados en las regiones donde ocurre, creando además un ciclo de producción y consumo de hardware que causa aún más daño al Sur Global, pues como señalan estudios, los residuos electrónicos resultantes de esta cadena productiva son enviados mayoritariamente a países en desarrollo, donde su "reciclaje" expone a trabajadores a sustancias tóxicas, completando un ciclo de extracción, producción concentrada en el Norte Global y desecho en una cadena de valor desigual.

Más allá de la explotación material, la IA se alimenta de millones de contribuciones intelectuales en línea, que son transformadas en "materia prima gratuita" para entrenar algoritmos. Más grave aún es el trabajo precarizado de anotación de datos, realizado por trabajadores en condiciones muchas veces insalubres, con bajos salarios y sin protección laboral -actividad esencial para el funcionamiento de sistemas de IA que luego son comercializados por empresas del Norte Global.

Esta doble explotación, tanto de recursos naturales como de fuerza de trabajo, revela un mapa de asimetrías geopolíticas incrustadas en el desarrollo tecnológico contemporáneo.

De esta forma, el actual paradigma de IA está fundado en relaciones desiguales que reproducen dinámicas históricas de dominación. Mientras los beneficios económicos y el control tecnológico permanecen concentrados en el Norte Global, los costos humanos y ambientales recaen desproporcionadamente sobre el Sur. Reconocer estas condiciones materiales es fundamental para cualquier proyecto que busque una IA verdaderamente ética y justa, que supere la lógica extractivista y colonial aún presente en el corazón de la revolución digital. Este parece ser un "punto ciego" en el discurso de Vinson, pues no reconoce que la construcción de alternativas exigirá no solo cambios técnicos o incluso éticos, sino sobre todo la transformación de estas relaciones estructurales de poder.

Entre Heidegger, Deleuze & Guattari y Álvaro Vieira Pinto: El Problema de la Técnica

Aunque su crítica a la IA generativa aborda los riesgos de una racionalidad deshumanizadora, el discurso de Vinson no constituye un rechazo a la tecnología, sino un llamado ético a su reinvención. En este punto, recurrimos a algo de historia y al contraste entre los pensadores Martin Heidegger por un lado, y Gilles Deleuze, Félix Guattari y Álvaro Vieira Pinto por otro, para comprender caminos posibles.

Heidegger, importante pensador occidental sobre la técnica, al abordarla como "emplazamiento" (Gestell), advierte sobre el riesgo de reducir el mundo a mero recurso. Para él, la técnica moderna oculta otras formas de revelación del ser, aprisionando el pensamiento en una lógica utilitaria. Deleuze y Guattari, en contraste, ven en la técnica y la máquina no solo instrumentos de dominación, sino también posibilidades de creación, multiplicidad y fuga. El agenciamiento (assemblage) es una conexión de cuerpos heterogéneos, formando una red de fuerzas por proximidad, simpatía o simbiosis. Es la unidad mínima de producción de enunciados, operando simultáneamente como máquina de cuerpos y colectivo de enunciación. Estas dos dimensiones son distintas, autónomas, pero inseparables, articulándose por conjugación o vecindad. Al ser un recorte de red de relaciones, parece ofrecer amplias posibilidades de lecturas y proposiciones respecto a la variabilidad de aspectos o dimensiones de la realidad en sus relaciones, lo que resulta conveniente para un uso de la tecnología que no se limita a reproducir estructuras, sino que inventa nuevas formas de existir.

Por su parte, Álvaro Vieira Pinto ofrece una perspectiva aún más afirmativa. Al desarrollar el concepto de "amanualidad", destaca el papel activo de los individuos en la creación tecnológica y las formas de producción social. Para él, la tecnología es expresión del conocimiento humano inserto en contextos históricos concretos—no una fuerza autónoma o alienante. Pinto propone una reflexión crítica pero no tecnofóbica: denuncia tanto el fetichismo tecnológico como su rechazo total, defendiendo un uso ético, situado y consciente. Su crítica al "deslumbramiento tecnológico" resuena como advertencia contemporánea contra la creencia acrítica en los poderes milagrosos de la IA.

Así, la crítica de Vinson hace eco a Heidegger al denunciar los peligros de una IA que repite el proyecto colonial de racionalización total. Pero también debería alinearse con Deleuze y Vieira Pinto al sugerir que la tecnología puede reapropiarse como potencia de resistencia, como vector de diferencia y emancipación. Deleuze y Guattari en particular ofrecen una clave para pensar la agencia distribuida en procesos técnicos: en lugar de preguntar si la IA tiene agencia, nos invitan a observar lo que emerge del agenciamiento entre humanos y máquinas. En esta interacción surgen afectos, nuevas posibilidades, nuevas formas de creación—y es este campo de fuerzas lo que nos interesa políticamente.

Norte Global, Sur Global: Dos Proyectos de Futuro

La verdadera contraposición que emerge en la discusión sobre inteligencia artificial generativa no es entre tecnología y humanismo, sino entre dos modos históricos de producir e imaginar el futuro. El modelo dominante, gestado en el Norte Global, está profundamente arraigado en una racionalidad moderna que separa sujeto y objeto, humano y naturaleza, conocimiento y poder. Esta racionalidad—que moldeó la ciencia moderna, el capitalismo y el colonialismo—opera desde una lógica de dominación y acumulación, donde la técnica sirve a la eficiencia, el control y la reproducción de desigualdades.

Por otro lado, el Sur Global—entendido aquí no solo como ubicación geográfica sino como posición geopolítica y epistémica—ofrece no una negación de la técnica, sino la posibilidad de otro uso, ético y situado. En muchas culturas y cosmovisiones del Sur, la tecnología se piensa en relación con la colectividad, el territorio, los tiempos largos. La producción técnica no ocurre a pesar de la vida, sino en diálogo con ella. En este sentido, el Sur Global se presenta no como víctima pasiva del progreso ajeno, sino como espacio de creación de alternativas. Una IA forjada desde estas perspectivas podría, por ejemplo, incorporar valores de reciprocidad, cuidado, ancestralidad, cacharreo y justicia ambiental—desafiando frontalmente el modelo extractivista vigente.

La crítica de Vinson, por tanto, no es solo sobre los riesgos de la IA, sino sobre la posibilidad de refundarla desde otros mundos posibles. La esperanza está en reconocer que el Sur Global no necesita solo resistir al proyecto técnico del Norte—puede crear otros, con otros fines, vocabularios y temporalidades. Aquí yace la potencia política más profunda de este momento que vivimos: imaginar tecnologías que sirvan a la vida, y no al revés.

Señales Materiales de una Nueva Técnica: Hacia una IA Descolonizada

Las críticas aquí expuestas al modelo hegemónico de desarrollo de inteligencia artificial—marcado por extractivismo de datos, consumo energético insostenible y centralización tecnopolítica—no se limitan al campo teórico. Emergen del Sur Global iniciativas concretas que paulatinamente materializan alternativas viables, demostrando en la práctica que otros modos de hacer son posibles. Estos casos revelan no solo cambios técnicos, sino un profundo reposicionamiento epistemológico y político en la relación entre tecnología y sociedad.

En China, el proyecto DeepSeek representa una ruptura con el modelo dominante. Mientras sistemas como GPT-4 requieren infraestructuras computacionales masivas—con consumo energético comparable a pequeñas ciudades—DeepSeek fue concebido desde principios radicalmente distintos. Su arquitectura algorítmica optimizada reduce requisitos computacionales hasta en 70%, mientras su proceso de entrenamiento emplea conjuntos de datos filtrados por relevancia cultural y lingüística. Este enfoque no solo minimiza impactos ambientales sino que evita la apropiación indiscriminada de contenido global característica del modelo extractivista predominante.

Esta no es una iniciativa aislada. El ecosistema chino de IA viene desarrollando caminos alternativos que rechazan la mera réplica de modelos occidentales. Ernie Bot de Baidu, por ejemplo, fue diseñado específicamente para comprender matices del chino clásico y contemporáneo, incorporando valores culturales como el concepto de hexie (armonía social) en sus estructuras de respuesta.

Estas iniciativas son sustentadas por un marco regulatorio innovador. La Regulación de IA Generativa (2023), por ejemplo, establece que al menos 30% de los datos usados en entrenar modelos desarrollados en el país deben ser de origen doméstico. Esta medida no solo fortalece la soberanía digital china, sino que crea barreras contra la extracción neocolonial de información que caracteriza muchas plataformas occidentales.

El fenómeno se repite en otras regiones del Sur Global. En India, el proyecto Bhashini desarrolla modelos lingüísticos para 22 idiomas locales, priorizando hablantes rurales históricamente excluidos de ecosistemas digitales globales. En Kenia, la startup Lelapa AI crea herramientas de procesamiento de lenguas africanas mediante procesos colaborativos de fine-tuning que involucran directamente a comunidades lingüísticas en el desarrollo tecnológico.

Estos ejemplos comparten características fundamentales: (1) rechazo a la lógica de crecimiento ilimitado en favor de eficiencia contextualizada; (2) integración de valores y conocimientos locales en procesos de desarrollo técnico; y (3) establecimiento de mecanismos de gobernanza que garantizan transparencia y control comunitario. El desafío es de escala y sostenibilidad. ¿Cómo garantizar que estas experiencias no permanezcan como nichos aislados, sino que constituyan redes alternativas capaces de desafiar la hegemonía tecnológica actual? La respuesta exigirá no solo avances técnicos, sino sobre todo nuevas formas de cooperación Sur-Sur, modelos de financiamiento no extractivistas y mejores marcos regulatorios.

No se trata de elegir entre diferentes modelos de IA—sino de decidir si seremos capaces de construir una IA verdaderamente plural y descolonizada. Los casos citados demuestran que, lejos de ser meras repeticiones de la innovación del Norte Global, los países del Sur Global están protagonizando algunas de las experiencias más interesantes y promisorias de reinvención tecnológica. Quizás lo que ocurre hoy sea prueba concreta de que otros agenciamientos compuestos por humanos y máquinas ya están en curso. En este sentido, posicionándome como investigador sudamericano, sostengo que es hora de entender qué papel jugarán nuestros países en este proceso.

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